El
sol Alumbraba el lugar, los pastos uniformes, se deslizaban junto al
viento, Este soplaba a su ritmo, calmo y refrescante. En el centro
del prado se encontraba ella. Vestía su hermoso vestido blanco que
corría hasta sus tobillos. Este al igual que los pastos hondeaba con
la brisa. Su pelo rubio llegaba hasta la cintura, sus ojos azul
fuerte llamaban la atención de cualquier persona con la que se
cruzase, su boca delgada hermosa esperaba rozarse con la de su amado.
Como
lo amaba, lo esperaba, el dijo que iba a venir, seguro que cumpliría
su promesa. El amor quemaba dentro de su pequeño pecho, este
sentimiento tan puro, se convertía en dolor rápidamente y sin darse
cuenta ya era locura.
Esa
demencia, esa que continuamente cubría su mente y corazón. ¿Cómo
fue que empezó a amar?, solo recuerda haber amado a ese sujeto, ese
hombre de cabello castaño y desarreglado, persona mayor amigo de su
padre, un sujeto de gran porte y muy buen mozo, alto y fornido. El la
amaba también, pero su amor no podía ser. Por eso en una reunión
tranquilamente y sin que nadie se enterara le dio una nota, esa que
decía que se encuentren en este lugar y a esta hora, esa que decía
que se iban a escapar juntos.
El
no llegaba, ¿ella recordaría lo ocurrido?, parece que su demencia
le niega la realidad, parece que no recuerda ver a su padre con
lagrimas en los ojos entrar en su hogar, parece no recordar las horas
de llantos sobre la almohada, es como si no quisiera reconocer lo
sucedido, o si esperara que el mágicamente apareciera.
Alguien
se asomo, no era él, claramente no podía ser el ¿y si era? ¿Y si
el médico se había confundido? ¿Y si el hombre al que lloro en el
ataúd era un simple muñeco? Pero ahí estaba el hombre que bajaba
por la colina.
Las
lagrimas salinas corrían por las mejillas de la joven, rápidamente
se precipitaban hacia el suelo y chocaban contra el césped, era
felicidad realmente se parecía a su amor, ella no lo podía creer
¡allí estaba el! Corre a su encuentro y lo abraza con toda su
fuerza, el hombre le devuelve el abrazo y la besa en la mejilla y le
susurra al oído “te prometí que vendría”, el realmente
apareció, bajo todo presagio él se encontraba en el lugar del
encuentro.
“solo
me permitieron venir hoy” le sigue diciendo su amor
“solo
hoy podre contarte todo lo que te amo” le explica a la joven “¿tu
me amas?” La pregunta casi susurrada con un tono dulce
incomparable, le llega a sus oídos y instantáneamente ella le
contesta con su voz cantarina y dulzona “con toda mi alma y mi
corazón”
“¿quieres
vivir el resto de tu vida conmigo?” le sigue diciendo con el mismo
tono hipnotizante, ella asiente con la cabeza, esperanzada
“entonces
salta” le responde el muchacho
Caminan
agarrados de la mano hasta la cornisa del precipicio, “salta yo te
seguiré, así viviremos juntos por siempre” sigue diciendo
Ella
no lo dudo, yo les advertí, el amor produce demencia y la locura de
esta niña era inenarrable, alcanzaba niveles ya indescriptibles, por
eso obedeció.
Cayó
al vacio, más de 20 metros de altura, con una simple sonrisa en la
cara, y sus cabellos corriendo alrededor de todo su cuerpo.
Unos
segundos antes que llegue su fin lo vio muy claro y se aterro, que
había hecho, porque lo había hecho, si el hombre parado en el borde
del precipicio ya no era el, si ese hombre súbitamente había
cambiado su forma, si ese sujeto ya no tenía el pelo castaño
ligeramente desarreglado, si no que no tenía un solo cabello en su
cabeza, ya no era buen mozo, su nariz era chata, sin cejas y con una
boca maquiavélica, ya no era alto y fornido sino totalmente
encorvado, ya no la miraba con dulzura sino reía de locura y
felicidad, ya no era él, el era alguien más, la habían engañado y
es demasiado tarde para arreglarlo su muerte ya había concurrido, su
sangre ya corría por la piedra, su muerte ya había tocado su alma. Y
ese hombre alzaba los brazos a la victoria y desaparecía.
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